17 abril 2021

Conociendo a un desconocido



Mi nombre es Jesús Enmanuel Figueroa D’ Lucas nací en Valle de la Pascua, Municipio Infante del estado Guárico, he allí mi primer lugar de enunciación. No pasé mucho tiempo en esa pequeña localidad que hoy me fascina y con la que me gusta identificarme, pues la mayor parte de la familia materna, y paterna, se encontraba en Zaraza, dónde finalmente pasé parte importante de mi niñez y adolescencia, por no decir toda.

La disrupción ha marcado mi vida, incluso la de mis padres, pues ambos fueron de los primeros en trascender los horizontes, en todos los sentidos, de sus respectivas familias. María de los Ángeles D’ Lucas Cabeza y Argenis Ramón Figueroa trascendieron su entorno, cada uno a su manera. Mi historia no podía ser diferente.

Desde pequeño estudiando en el jardín de infancia destaqué, o eso decían las maestras a mi madre, quizás porque eran colegas. De igual forma repetí el último nivel. Mi madre decía que era muy joven para ir al primer grado. Debo decir que sentía y siento gran admiración por mi madre como ser humano.

En el primer grado mi madre me recibe en las aulas de clases luego de mi insistencia de conocerla como maestra y vivir la experiencia de ser estudiante de su clase, papel que asumí desde el primer día de clases hasta el día de hoy.

La primaria me dejó grandes vivencias y amigos que aún hoy atesoro, así no los vea y no comparta con ellos, me siento orgulloso de reconocer que son parte de mi historia. No hablo solo de compañeros de clases nada más, incluyo también a maestras y maestros, obreros, vendedores de chichas, cantineros y un sinfín de personas que me han hecho ser lo que soy.

Quizás en otro texto entre en detalles sobre las experiencias vividas durante ese momento de mi vida, en este solo quiero darle un esbozo general.

Paralelo al estudio también estaban los amigos y la gente del barrio, a quienes también les debo mucho.

Después de un intento fracasado en el beisbol y lo expreso así porque de verdad no solo era malo sino que tampoco me encontraba en él, conocí el fútbol un deporte que aún hoy me fascina y fue motor de vida plena. Aventuras y amigos que pudieron ser y no fueron por múltiples razones de aquellas calles incomprendidas que por mucho tiempo fueron mi hogar.

De vuelta a la secundaria me encontré con nuevas personas y nuevas realidades que siguieron dándole forma a mi horizonte de principios. En los dos primeros años las cosas no cambiaron mucho con respecto a la primaria, podría decirse de alguna manera que seguía siendo el mismo. En el tercer año vino de nuevo la disrupción y está vez con la fuerza de un huracán que me trajo hasta donde hoy me encuentro. Durante ese tiempo practiqué baloncesto, aunque no me generaba la misma sensación que el fútbol, me gustaba hacer deporte a nivel de competición.

La música entró en mi vida para apoderarse de ella, una vez que una lesión me hizo entender a golpes, que el fútbol no lo iba poder seguir practicando de la misma manera. Siempre tuve tendencias hacia el arte, por lo menos para apreciarla. Desde pequeño el dibujo y ahora era la música que daba, y da, sentido a mi vida. Poco a poco se iban añadiendo medios de expresión de mi ser, se trataba una mezcla tormentosa y armoniosa a la vez. Todo me fue haciendo entender que ¡La expresión, no era lo mío, sencillamente era lo que necesitaba!

Una vez que llegué al bachillerato ya tenía claro que las ciencias naturales no iban marcar de fondo mi formación profesional, sin embargo no las odiaba y ni tampoco me iba mal con ellas, solo que lo mío estaba en lo social, en lo humano. Así que cuando llegó el momento de decidir que iba a hacer al terminar el liceo. Estaba seguro de irme hacia la comunicación porque me interesaba sobre todo contar historias, pequeñas, del día a día, aquellas que no se cuentan, que se viven, grandes y efímeras historias que duran para siempre.

Después de vivir a ratos en ciudades como Valencia, Guatire (dónde me adentré en el mundo de la radio) y Caracas me decidí por esta última para estudiar, su magia y misterio me enamoraba, y aún lo hace. Había trabajado duro desde el liceo para tener dinero para lanzarme hacia esta aventura. Mi madre apoyo con todo su amor esta decisión, de la cual hoy manifiesta no arrepentirse.

Ya mi hermana se encontraba estudiando historia en la Universidad Central de Venezuela (UCV), casa de estudios que acogió también a mi padre en su tiempo. Durante este periodo conocí gente maravillosa que también aportó aventuras y experiencias que hoy siguen muy presentes.

Hasta ese momento llevaba una visión visceral de la expresión y la comunicación. Entré en una etapa más reflexiva sobre el ejercicio y la vida en general. Creo que esa capacidad reflexiva hoy sigue muy presente todo mi hacer. En la UCV no solo me limité a la comunicación pues también entré con mi hermana a algunas clases de Historia universal del arte. De igual forma me inscribí en materias de la Escuela de Artes y Sociología con el fin de no limitarme a las herramientas que me brinda el periodismo. No solo la UCV me ofrecía experiencias enriquecedoras, cada espacio de la ciudad lo miraba como una oportunidad de aprender algo nuevo.

Paralelo al estudio seguía metido en el mundo de la música “underground”, dónde compartí momentos hermosos con gente muy talentosa y de gran recorrido. Aprovechando esto inicié un proyecto radial sobre música rap y reggae que me acercó mucho más a las subculturas existentes en la ciudad de Caracas. Fueron momentos de mucha movida diurna y nocturna que aproveché como podía.

Luego decidí internarme al mundo de la institución estatal, dónde también tuve gran aprendizaje.

En este momento conocí a la persona con la he decidido compartir mi vida, desde lo personal hasta lo social. Con ella inicia otro momento importante de mi vida, al cual llamamos Fabricio Ezequiel, un pequeño ser que ha venido ha enseñarme a desaprender y ha cuestionar elementos profundos de mi ser.

Por ahora la historia continúa, lo que denota lo incompleto de este texto el cual seguiré escribiendo…

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